[Escrito el 3 de agosto de 2026]
El yen cayó a su nivel más bajo frente al dólar en 40 años, y se colocó en 164 antes de que Washington y Tokio intervinieran conjuntamente el viernes para recomprarlo, algo que no se veía desde 1998. Hoy en la mañana la moneda se recuperó hasta 156, pero sigue la incertidumbre.
La depreciación del yen obedece a varias causas simultáneas. La más estructural es el amplio diferencial de tasas de interés entre Japón y el resto del mundo, que abarata financiarse en yenes e incentiva su venta. A esto se suma la fuga de capitales asiáticos —yen, won coreano, rupia india— hacia Estados Unidos, atraídos por los retornos del boom de inteligencia artificial. La guerra entre Irán y otros actores ha encarecido el petróleo, golpeando con fuerza a Japón como gran importador de energía. Finalmente, persisten dudas de los inversores sobre la política fiscal japonesa, el nivel de deuda y una inflación que repunta.
Estados Unidos apoya el fortalecimiento del yen por intereses propios, no solo por solidaridad con Japón. Primero, el yen es la principal moneda de financiamiento del "carry trade" global: los inversores piden prestado en yenes baratos para invertir en activos de mayor rendimiento. Una caída desordenada podría desatar una estampida de ese carry trade y contagiar a los mercados financieros mundiales. Segundo, si Japón —el mayor tenedor extranjero de deuda estadounidense— vendiera bonos del Tesoro para defender su moneda, presionaría al alza los rendimientos y las tasas de interés estadounidenses, que ya están muy presionadas por preocupaciones fiscales y la incertidumbre sobre la Reserva Federal. Por último, un yen débil encarece para las empresas japonesas el financiamiento de los 550 mil millones de dólares de inversión en Estados Unidos, pactados en 2025, lo cual es una prioridad de Donald Trump.
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