jueves, 8 de enero de 2026

Cuba en caída libre

[Escrito el 9 de enero de 2026]

Desde enero de 1959, Cuba ha funcionado como una economía subsidiada por países aliados. A cambio de apoyo político, militar o médico, el gobierno cubano ha recibido de la Unión Soviética, de Venezuela y, más recientemente, de China, recursos económicos de todo tipo: transferencias monetarias, petróleo, créditos blandos y suministros estratégicos. Sin embargo, pese a los miles de millones de dólares recibidos durante más de seis décadas, el pueblo cubano es hoy mucho más pobre que antes de la revolución encabezada por Fidel Castro.

La disolución de la Unión Soviética en 1991 desencadenó una de las peores crisis económicas de la historia cubana. La isla dependía de los subsidios soviéticos, de los precios preferenciales del azúcar y de créditos con tasas de interés muy por debajo del nivel de mercado. Cuando ese andamiaje desapareció, el petróleo subsidiado dejó de llegar y Cuba comenzó a sufrir apagones de hasta 18 horas diarias. La falta de fertilizantes, combustibles y maquinaria soviética agravó el desabastecimiento y provocó un racionamiento severo de alimentos.

El llamado Período Especial —cuya fase más dura se vivió entre 1991 y 1995— marcó un deterioro profundo de las condiciones de vida. Para obtener divisas, el país se volcó al turismo y a la inversión extranjera, hasta que la llegada de Hugo Chávez al poder en Venezuela abrió una nueva etapa de alivio económico. Durante años, Cuba recibió decenas de miles de barriles diarios de crudo a precios preferenciales, a cambio de servicios profesionales suministrados por médicos, maestros y técnicos cubanos.

La reciente caída de Nicolás Maduro y el control estadounidense sobre el petróleo venezolano agravarán la crisis económica en Cuba. Los apagones de 18 horas, los cortes de agua y la escasez de alimentos, medicamentos y gas para cocinar ya forman parte de la vida cotidiana de millones de cubanos. El propio presidente Miguel Díaz‑Canel ha reconocido el deterioro acelerado de la situación económica, que, lamentablemente, apunta a agravarse en los próximos meses.

Requisitos para invertir en Venezuela

[Escrito el 8 de enero de 2026] 

Las principales petroleras estadounidenses han planteado condiciones para evaluar nuevas inversiones destinadas a incrementar la capacidad de producción de crudo en Venezuela. Las compañías recuerdan que las expropiaciones ejecutadas durante el gobierno de Hugo Chávez les ocasionaron pérdidas por miles de millones de dólares, un antecedente que hoy pesa en cualquier decisión de retorno a ese país latinoamericano. Frente a esa experiencia, exigen garantías firmes de que situaciones similares no volverán a repetirse.

En este contexto, las empresas estadounidenses buscan seguridades legales y financieras antes de comprometer capital en infraestructura petrolera venezolana. Según fuentes oficiales, la Casa Blanca ha asegurado que Washington mantendrá control sobre el petróleo venezolano de manera indefinida. Se espera que, en los próximos días, el presidente Trump presente a ExxonMobil, Chevron y ConocoPhillips un conjunto de mecanismos destinados a proteger sus inversiones y el flujo de caja generado por sus operaciones en territorio venezolano.

Expertos consultados señalan que, para atraer nuevamente a esas grandes corporaciones, será indispensable que Estados Unidos ofrezca garantías económicas, jurídicas y políticas sólidas. A ello se suma la necesidad de definir con claridad quién será la contraparte venezolana que firmará los nuevos contratos y compromisos: si el gobierno encabezado por Delcy Rodríguez, herencia del chavismo, o una eventual administración democrática surgida de un nuevo proceso electoral.

En cualquier caso, la recuperación de la capacidad productiva del sector petrolero venezolano tomará varios años, posiblemente más allá del actual mandato presidencial del presidente Trump. Esa realidad puede hacer que quienes entren primero a Venezuela sean los inversionistas más arriesgados, quienes estarán dispuestos a transitar por ese campo minado a cambio de elevadas tasas de retorno. 

martes, 6 de enero de 2026

Cambio de política económica en Venezuela

[Escrito el 7 de enero de 2026]

Venezuela necesita un cambio radical del régimen de política fiscal y monetaria. La sostenibilidad de las finanzas públicas, la renegociación de su deuda y la eliminación del financiamiento monetario del déficit público son elementos indispensables para el anclaje de las expectativas de inflación y la estabilidad macroeconómica. 

La mejora de la posición fiscal permitirá el control de la liquidez, cuya tasa de crecimiento debe ser compatible con una meta de inflación baja y estable. El aumento de las exportaciones de petróleo incrementará los ingresos gubernamentales y mejorará el saldo de las finanzas públicas. 

El financiamiento doméstico ha de ser dirigido al sector privado para que aumente la inversión y capacidad de creación de empleo. De esa manera, se logrará elevar el nivel de ingresos y, en consecuencia, mejorar la calidad de vida, metas irrenunciables de todo gobierno democrático. 

Hay que reconocer que Venezuela tardará mucho en alcanzar dichos objetivos debido al grado de deterioro económico y social provocado por un régimen dictatorial en el más puro estado de putrefacción. Estados Unidos es clave para lograr esa recuperación económica en el más breve plazo posible y en un marco democrático. 

Reestructuración económica de Venezuela

[Escrito el 6 de enero de 2026] 

La recuperación de la democracia y la estabilidad política marcará el punto final de la tragedia venezolana y el inicio de un nuevo camino hacia un mayor nivel de bienestar. 

Para acelerar el crecimiento económico, hay que adoptar políticas públicas que restablezcan las libertades y fortalezcan el régimen de propiedad que fue destruido durante la dictadura. Es imprescindible promover la libertad de mercado, reducir la regulación excesiva, elevar la eficiencia del gasto público, mejorar la oferta de servicios públicos de educación y salud, y sacar el Estado de las actividades en que el sector privado tiene ventajas comparativas. 

En ese contexto, conviene estimular la entrada masiva de capital privado en las actividades productivas y en proyectos de ampliación y modernización de la infraestructura pública. 

La industria petrolera de Venezuela, que posee la mayor reserva de crudo del mundo, debe ser renovada con inversión extranjera para llevar la producción de los poco más de 0.5 millones de barriles por día que se suplen actualmente a los más de 3.3 millones de barriles que se producían diariamente en 1998. Las empresas petroleras estadounidenses ya han anunciado su interés en realizar las inversiones requeridas para que Venezuela sea nuevamente la potencia que era en la producción de crudo y refinado.

Además, se ha de fomentar el comercio exterior y promover la diversificación de la economía con el fin de expandir la agricultura, la manufactura, el turismo, entre otras actividades. La repatriación del capital humano que emigró por la crisis económica puede aportar significativamente a la recuperación del aparato productivo nacional y modernización de la sociedad.

La caída de Maduro

[Escrito el 5 de enero de 2026] 

A mediados de agosto de 2024, comenté que la política económica venezolana bajo el régimen chavista, continuado por Nicolás Maduro, había sido tan desastrosa que en una década provocó una terrible hiperinflación y el desplome del producto interno bruto a un 25% del nivel observado en 2012. El resultado de ese comportamiento de la actividad económica, condicionado por ocho años de recesión, ha sido un vertiginoso aumento de la pobreza. 

El domingo 28 de julio de 2024 el pueblo venezolano llenó las urnas para expresar su rotunda oposición a una dictadura de 25 años: no más distorsiones económicas, no más injusticias, no más corrupción ni más privilegios para la clase gobernante. Venezuela quiere libertad y un cambio de gobierno. Por ese motivo Edmundo González, la cara de la oposición que dirige María Corina Machado, obtuvo casi el 70% de los votos. 

Nicolás Maduro se declaró ganador de las elecciones y, mediante la represión que le brindan las armas, se logró mantener en el poder. Una gran parte de la comunidad internacional, incluyendo países de América Latina como la República Dominicana, defendió la voluntad popular y la legitimidad democrática en Venezuela. Pero esos reclamos fueron insuficientes, Maduro retuvo el poder hasta la semana pasada. 

Cansado de realizar advertencias, el presidente Donald Trump autorizó el 3 de enero derrocar a Maduro. En una operación relámpago, un equipo militar élite, apoyado por un bombardeo de precisión, penetró en territorio venezolano y capturó a Maduro, quien enfrentará esta semana cargos de narcotráfico ante un tribunal federal de Nueva York. 

Ahora comienza lo difícil en Venezuela, lograr una transición del régimen chavista, encabezado por Delcy Rodríguez, hacia una democracia plena. 

lunes, 5 de enero de 2026

El Banco Central en modo halcón

[Escrtio el 2 de enero de 2026] 

Las autoridades monetarias vigilan de manera constante la evolución de la tasa de inflación para asegurar que permanezca dentro del rango meta que va del 3% al 5% anual.

A noviembre, el ritmo de variación interanual del Índice de Precios al Consumidor (IPC) alcanzó un 4.81%, un nivel muy cercano al límite superior del objetivo. Más inquietante aún es que, al anualizar el comportamiento de los precios entre junio y noviembre del año 2025, la inflación implícita asciende a un 6.65%. 

Ante ese panorama inflacionario, el Banco Central decidió en diciembre mantener la tasa de interés de política monetaria en un 5.25%. La decisión fue acertada: un recorte de 25 puntos básicos, justificado por la reducción similar aplicada por la Reserva Federal, habría enviado al mercado una señal incompatible con el compromiso de preservar la estabilidad de precios.  

A mi entender, el Banco Central debe ejercer una vigilancia estricta sobre la trayectoria de la inflación, al igual que lo hace un halcón monetario. Por ello, aunque la tasa de crecimiento del producto interno bruto cerró el año pasado en torno al 2.2%, lo recomendable es que la institución mantenga en lo sucesivo niveles de liquidez que no generen presiones inflacionarias e incluso esté dispuesta a elevar la tasa de política monetaria si las circunstancias así lo requieren.