miércoles, 15 de abril de 2026

Choque aéreo global

[Escrito el 17 de abril de 2026]

El incremento global de los precios del avtur, provocado por la disrupción en el estrecho de Ormuz y la escalada del conflicto en Oriente Medio, genera efectos visibles adversos en la industria aérea. Según The Wall Street Journal, las aerolíneas estadounidenses han aumentado tarifas, recortado rutas y elevado los costos por equipaje ante un combustible que supera los 4.14 dólares por galón. En particular, algunas aerolíneas han duplicado el costo de los billetes de algunas rutas respecto al año anterior. 

Para la República Dominicana, un país cuya economía depende de la llegada masiva de visitantes, este choque externo no es menor. En 2025, el país recibió 8.860 millones de pasajeros no residentes por vía aérea, un crecimiento de 3.8 % respecto a 2024, según el Banco Central.  

El 44.5 % de viajeros no residentes proviene de Estados Unidos, una nación donde las aerolíneas ya aplican aumentos de tarifas y recortes de capacidad. Ello implica que cualquier encarecimiento sostenido del transporte aéreo afectará directamente el costo de viajar a la República Dominicana, lo cual reduce la competitividad de un sector clave para la economía nacional. 

Específicamente, la actividad hoteles, bares y restaurantes, que incluye el turismo, representa alrededor del 8.3 % del PIB y es una de las principales fuentes de divisas del país. Un choque prolongado en los precios del transporte aéreo podría reducir el crecimiento del sector, presionar la ocupación hotelera y afectar la cadena de valor que incluye agricultura, transporte y servicios. Todo esto podría repercutir negativamente sobre el ritmo de expansión económica de 2026. 

El asedio contra la Fed sigue

[Escrito el 16 de abril de 2026]

La independencia de la Reserva Federal de los Estados Unidos está siendo sometida a una presión sin precedentes. El presidente Donald Trump ha vuelto a amenazar con destituir a Jerome Powell si este no abandona la presidencia de la Fed al vencimiento de su mandato el 15 de mayo, y se niega a frenar la investigación penal que el Departamento de Justicia mantiene abierta contra el funcionario por las obras de renovación de la sede del banco central.

El argumento oficial es investigar posible incompetencia o corrupción en un proyecto de 2,500 millones de dólares. Pero nadie en los mercados financieros se llama a engaño: lo que está en juego es el control de la política monetaria. Trump quiere tasas de interés más bajas, y Powell se ha negado a ceder ante esa presión, porque coloca por encima de todo la meta de inflación.

La gravedad del momento ha sido resumida con precisión por Janet Yellen, exsecretaria del Tesoro y expresidenta de la Reserva Federal, al preguntarse: "¿Con qué frecuencia el presidente de un país desarrollado exige que las tasas de interés se fijen para reducir el costo de la deuda? Eso es lo que uno escucha en una república bananera."

La frase es muy preocupante porque viene de alguien que conoce la institución desde adentro y a quien los mercados le dan mucho seguimiento. Cuando la credibilidad de un banco central se erosiona, se desanclan las expectativas y la inflación sube con fuerza. Ello resulta grave en esta coyuntura caracterizada por un choque de oferta negativo y presiones de costos ascendentes. 

La Casa Blanca debe entrar en razón y proteger la independencia de la Reserva Federal. 

Recomendaciones del FMI

[Escrito el 15 de abril de 2026]

En su presentación del informe de Perspectivas de la Economía Mundial de abril, Pierre-Olivier Gourinchas, director del Departamento de Investigaciones del Fondo Monetario Internacional, realizó recomendaciones de política económica que son muy importantes para la República Dominicana. 

Ante el choque de oferta negativo y su presión al alza de costos, el FMI advierte que el ajuste de la demanda será inevitable. Los bancos centrales deben mantener una postura vigilante, reafirmando su compromiso con la estabilidad de precios. Sin embargo, si las expectativas inflacionarias se desanclan —como sugiere el comportamiento ascendente de la inflación en Estados Unidos y en la zona euro—, será necesario endurecer la política monetaria con una subida de las tasas de interés de referencia, aun a costa de un menor crecimiento económico. 

En el ámbito fiscal, el FMI insiste en evitar subsidios generalizados y medidas que distorsionen los precios de los combustibles y la tarifa del servicio eléctrico. Con el fin de que la demanda se reduzca y se adapte al nuevo nivel de oferta, es imprescindible que los precios transmitan la señal adecuada a los consumidores para que estos se muevan hacia un equilibrio sostenible. Las ayudas con fondos públicos, sean subsidios o transferencias, han de ser focalizadas y temporales, de modo que beneficien únicamente a los hogares más vulnerables. 

Recomendaciones monetarias y fiscales similares las realicé cuando inició el conflicto bélico, ahora son ratificadas por el FMI. Ojalá sean atendidas por las autoridades dominicanas. 

Pronósticos del FMI frente a la crisis

[Escrito el 14 de abril de 2026]

El Fondo Monetario Internacional publicó hoy, 14 de abril, su informe de Perspectivas de la Economía Mundial. Pierre-Olivier Gourinchas, director del Departamento de Investigaciones del FMI, informó que el crecimiento económico global se desacelerará al situarse en un 3.1% en 2026, 0.2 puntos porcentuales por debajo de lo estimado en el informe publicado en enero pasado. Si no hubiese ocurrido la guerra, el FMI hubiese ajustado hacia arriba la tasa de crecimiento del PIB.

En caso de que los precios de los combustibles sean más altos y su variación persistente, el crecimiento global sería de solo 2.5%. 

En el escenario de destrucción de infraestructura energética, el crecimiento sería de apenas 2% y la inflación superaría el 6% en 2027.

En el escenario base, los Estados Unidos crecerían 2.3% en 2026, 0.1 puntos porcentuales menos que lo inicialmente estimado.

Mientras, la zona euro se expandirá en un 1.1% en 2026, 0.2 puntos porcentuales menos que lo proyectado en enero. 

Las economías de mercados emergentes y en desarrollo crecerán un 3.9% en 2026; es decir, 0.3 de puntos porcentuales menos que lo previsto. Las proyecciones de China, India y Sudáfrica se revisaron a la baja. En contraste, las de Rusia, Brasil y México, exportadores netos de combustibles, hacia al alza. América Latina y el Caribe registrará en conjunto un crecimiento de 2.3%.

lunes, 13 de abril de 2026

Las buenas políticas del FMI

[Frente al Statu Quo. Publicado en Diario Libre el 13 de abril de 2026.]

La semana pasada, la directora gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), Kristalina Georgieva, pronunció un discurso en el que presentó una radiografía de los retos que enfrenta la economía mundial. Desde una perspectiva macroeconómica, la guerra en Oriente Medio constituye un choque de oferta negativo, global y asimétrico, con una contracción del 13% del flujo mundial de petróleo y del 20% del suministro de gas natural licuado. 

Ese tipo de perturbación, de mayor magnitud que la registrada durante la crisis petrolera de los años setenta, vuelve a evidenciar la vulnerabilidad estructural del sistema productivo internacional ante interrupciones geopolíticas en nodos energéticos críticos. Los países menos afectados serán los exportadores netos de combustibles alejados de la zona del conflicto, como Venezuela, Brasil y México. En contraste, los importadores netos de combustibles —que constituyen el 80% del total, incluida República Dominicana— sufrirán con mayor intensidad el deterioro de los términos de intercambio, lo cual es equivalente a una reducción de su nivel de riqueza. A ello se suma el grupo de países involucrados en el conflicto o situados en su entorno geográfico, cuya producción no cuenta con otra vía de exportación distinta al estrecho de Ormuz. 

Georgieva subrayó que el desabastecimiento y el aumento del precio de los contratos de crudo —de 72 a un máximo de 120 dólares— han desencadenado un efecto dominó: paralizaciones en refinerías, escasez de diésel y combustible de aviación, disrupciones logísticas y un incremento de millones de personas en situación de inseguridad alimentaria por el encarecimiento de los fertilizantes. Además, las alteraciones de las cadenas productivas han llevado el precio del petróleo para entrega inmediata por encima de los 147 dólares por barril, situación que ha presionado al alza los costos de producción y ha provocado racionamientos de combustibles en algunos países asiáticos.

La economía global opera hoy con cuellos de botella simultáneos en energía, transporte e insumos industriales esenciales, los cuales reducirán el ritmo de la actividad económica. El impacto sobre el crecimiento dependerá de la intensidad y duración del conflicto bélico. En el próximo reporte de “Perspectivas de la economía mundial,” que se publicará esta semana, el FMI presentará tres escenarios. Uno consiste en la normalización relativamente rápida del conflicto; el segundo es un escenario intermedio; el tercero asume que los precios del petróleo y del gas se mantienen elevados durante un período prolongado, lo que genera efectos de segunda vuelta que refuerzan la persistencia de la inflación. 

Incluso en un panorama de alto al fuego duradero, el FMI anticipa una revisión a la baja del crecimiento mundial.  Los daños a infraestructuras estratégicas —como la de Ras Laffan en Catar, que suple el 93% del gas natural licuado del Golfo Pérsico, y otras instalaciones de Arabia Saudita que han mermado en 600 mil barriles diarios su capacidad productiva—, además de la incertidumbre del tránsito por el estrecho de Ormuz, todavía bajo control iraní, constituyen factores que recortarán el ritmo de expansión económica.

La directora gerente del FMI expuso también cómo debe gestionarse un choque de oferta sin agravar sus efectos sobre la inflación, el crecimiento económico y la estabilidad financiera. A marzo, la tasa de inflación de la eurozona aumentó 0.6 puntos porcentuales y se situó en un 2.5%. Por su parte, Estados Unidos registró en el mismo mes una variación de precios interanual de un 3.3%, un incremento de 0.9 puntos porcentuales respecto a febrero. 

Ante ese choque de oferta negativo y su presión al alza de costos, Georgieva advierte que el ajuste de la demanda será inevitable, aunque la profundidad del impacto la determinará la respuesta de los bancos centrales. Son ellos los que deben mantener una postura vigilante, reafirmando su compromiso con la estabilidad de precios. Sin embargo, si las expectativas inflacionarias se desanclan —como sugiere el comportamiento ascendente en Estados Unidos y en la zona euro—, será necesario endurecer la política monetaria con una subida de las tasas de interés de referencia, aun a costa de un menor crecimiento económico. En la actualidad, existe una alta probabilidad de que el Banco Central Europeo (BCE) aumente su tasa de interés antes de junio, mientras que el mercado proyecta que la Reserva Federal, en el mejor de los casos, mantenga inalterada su tasa de política. En ese contexto, la directora gerente del FMI recordó en su exposición que la credibilidad del banco central y un sistema financiero resiliente, bien regulado y supervisado, se erigen como pilares básicos de la estabilidad macroeconómica.

En el ámbito fiscal, el FMI insiste en evitar subsidios generalizados y medidas que distorsionen los precios de los combustibles y la tarifa del servicio eléctrico. Con el fin de que la demanda se reduzca y se adapte al nuevo nivel de oferta, es imprescindible que los precios transmitan la señal adecuada a los consumidores para que estos se muevan hacia un equilibrio sostenible. Las ayudas con fondos públicos, sean subsidios o transferencias, han de ser focalizadas y temporales, de modo que beneficien únicamente a los hogares más vulnerables. 

Por otro lado, con niveles de deuda pública muy por encima de los observados en años anteriores y pagos de intereses como porcentaje de las recaudaciones en ascenso, la mayoría de los países dispone de un margen de maniobra fiscal limitado. Un apoyo a la demanda mediante un déficit público más alto resultaría contraproducente, pues podría erosionar la confianza de los tenedores de bonos soberanos, quienes verían con preocupación que el gobierno utilice los recursos obtenidos mediante la emisión de deuda para subsidiar de forma generalizada a los compradores de combustibles. Por ello, se recomienda adoptar medidas que recompongan las finanzas públicas, una vez superado el choque actual. 

En definitiva, Georgieva dejó claro en su exposición que la resiliencia macroeconómica no se improvisa. Necesita instituciones monetarias sólidas, disciplina fiscal y políticas coherentes capaces de navegar en un entorno global muy incierto. El mensaje es inequívoco: la resiliencia económica exige buenos fundamentos y marcos institucionales robustos. La estabilidad global dependerá de la calidad de las medidas que se adopten en el presente, ya que “las buenas políticas marcan la diferencia.”

lunes, 6 de abril de 2026

Tentación monetaria

[Frente al Statu Quo. Publicado en Diario Libre el 6 de abril de 2026.] 

El Banco Central decidió mantener su tasa de política monetaria en 5.25% anual, una medida coherente con el entorno actual y alineada con lo recomendado en esta columna la semana pasada. En su comunicado, la institución anunció que seguirá monitoreando las condiciones internacionales para actuar “oportunamente” en defensa de la meta de inflación.

El texto sugiere que la autoridad monetaria se inclina hacia una postura más restrictiva que expansiva. Sin embargo, no puede descartarse la tentación de que recurra a instrumentos no convencionales —como inyecciones de liquidez a tasas subsidiadas— si la actividad económica se desacelera.

En los dos primeros meses de 2026, el indicador mensual de actividad económica (IMAE) creció en promedio un 3.7%, muy por encima del 2.1% registrado el año anterior. Desde el Gobierno se proyecta la continuidad de ese ritmo, con un aumento del producto interno bruto (PIB) alrededor del 3.75% durante todo el año. Ahora bien, un análisis riguroso del impacto del encarecimiento de los combustibles sobre las cuentas externas, las finanzas públicas y el ingreso disponible sugiere que tal proyección podría resultar optimista.

La guerra en Medio Oriente, el cierre del estrecho de Ormuz y el daño a infraestructuras críticas de producción y suministro de combustibles han creado un entorno global de enorme incertidumbre. En el mejor de los casos, se prevé un crecimiento internacional débil con un repunte del desempleo. El encarecimiento del gas natural y del petróleo —el WTI superó el jueves pasado los 113 dólares por barril—, junto con el racionamiento de combustibles en Asia y las interrupciones en la cadena de suministros de insumos esenciales (helio, aluminio, urea, fosfatos), presionará al alza los precios de bienes y servicios, y podría desanclar las expectativas de inflación. Ese sería el preludio de una estanflación, un escenario que obligaría a los bancos centrales, como la Reserva Federal (Fed) y el Banco Central Europeo (BCE), a endurecer su postura monetaria.

En Estados Unidos, el mercado da por descontado que la Fed no reducirá durante el 2026 su tasa de referencia, que se mantuvo en la reunión de marzo en el rango del 3.5% al 3.75%. Por el contrario, gana terreno la posibilidad de un aumento con el fin de reforzar el anclaje de las expectativas de inflación. La Nota del Tesoro a dos años —sensible a la política monetaria de corto plazo— subió 61 puntos básicos en marzo y cerró en un 3.81%, mientras que la de diez años —que refleja expectativas de inflación de mediano y largo plazo— aumentó 49 puntos básicos hasta llegar al 4.32%.

En la eurozona, debido al choque energético que provocó en marzo una subida de la inflación hasta un 2.5% —0.6 puntos porcentuales por encima del mes anterior— y una revisión al alza de dicha tasa a un 2.6% para el año completo, se prevé un endurecimiento de la política monetaria. En particular, el mercado asigna una probabilidad de un 81% a que la tasa de referencia suba en la reunión de abril en 25 puntos básicos hasta un 2.25%.

En la República Dominicana, las tasas de interés en moneda nacional no registraron en marzo variaciones significativas. La tasa de interés pasiva subió durante ese mes 14 puntos básicos respecto al mes anterior y alcanzó un promedio de un 6.28%. Mientras, la tasa activa promedio ponderado se mantuvo en niveles equivalentes a los de febrero, aunque con una tendencia ascendente a partir de la segunda semana de marzo. 

Un dato revelador sobre las tasas de interés proviene de las colocaciones de deuda pública realizadas por el Ministerio de Hacienda. Según la Dirección General de Crédito Público, entre el 5 y el 25 de marzo se efectuaron cuatro subastas de deuda pública por un monto total de 100 mil millones de pesos, lo que elevó la liquidez excedente del Banco de Reservas, pero contrajo la del resto del sistema bancario. Debe destacarse que la tasa de rendimiento de dichas subastas pasó del 10.44% al 11.65% en apenas tres semanas, una subida de 121 puntos básicos. La aceptación de tasas más altas por parte del Ministerio de Hacienda podría reflejar la expectativa de presiones alcistas sobre las tasas de interés —pasiva y activa— las próximas semanas, en línea con lo que se proyecta a nivel internacional. 

El aumento del gasto corriente del gobierno, derivado del mayor déficit del sector eléctrico y del incremento del subsidio a los combustibles, perjudicará la inversión pública. El deterioro fiscal, que implica un menor aporte a la expansión económica, se combinará con el repunte de las tasas de interés y un escenario internacional recesivo para empujar hacia abajo el ritmo de variación del PIB. Ante esa situación económica, el Banco Central podría verse tentado de poner en marcha una nueva facilidad de liquidez rápida a tasas de interés subsidiadas con el objetivo de estimular la demanda agregada del sector privado y elevar el crecimiento económico. 

A pesar de que el tipo de cambio se ha apreciado un 3.3% frente al dólar en lo que va de año, lo cual crea cierto margen de maniobra en la gestión de liquidez, la decisión que enfrentaría el organismo emisor sería trascendental: una ampliación brusca de las facilidades crediticias, que se colocarían principalmente a través de bancos que en la actualidad tienen poco excedente de liquidez, se traduciría en una depreciación acelerada del peso. La mayor tasa de cambio encarecería los combustibles en moneda local y debilitaría aún más las finanzas públicas. 

Ceder a esa tentación erosionaría la credibilidad del Banco Central y desencadenaría un círculo vicioso de alto costo. En la coyuntura presente, dominada por un choque de oferta negativo, cualquier estímulo monetario no convencional tendría un impacto mínimo sobre el crecimiento, mientras que su efecto principal sería debilitar el anclaje de las expectativas y elevar la tasa de inflación. Ese deterioro no se limitaría a los indicadores macroeconómicos. Repercutiría directamente en el bolsillo de los contribuyentes: un encarecimiento sostenido de la canasta de consumo familiar y una pérdida del poder adquisitivo de las remuneraciones, con efectos severos para los hogares más vulnerables.