jueves, 15 de enero de 2026

Atentos a la inflación

[Escrito el 16 de enero de 2026]

El índice de precios al consumidor general se incrementó acumulado a diciembre en un 4.95% y el IPC subyacente, que guarda una relación estrecha con la política monetaria, aumentó un 4.85%. 

Al descomponer por grupos de bienes y servicios, el grupo de alimentos y bebidas no alcohólicas volvió a registrar la mayor variación de precios. En términos interanuales, la inflación de ese grupo se colocó en un 8.2%, cifra superior al límite superior de la meta que es igual a un 5%. Lo grave es que, si se anualiza la trayectoria observada de los precios de esos bienes entre junio y diciembre, se obtiene una tasa de inflación de un 15.1%. 

El grupo de restaurantes y hoteles, segmento en el cual el costo de los alimentos tiene un peso elevado, ha registrado una variación interanual a diciembre de un 6.5%. Y, si se anualiza en función de los últimos seis meses, se estima una tasa de un 7.8%. 

Otros bienes y servicios diversos también exhiben un aumento de precios significativo. Según los datos del Banco Central, la variación interanual a diciembre se colocó en un 6%. Y la de los precios de servicios de salud se situó en un 5.1%. 

Ante esa realidad, es recomendable que se adopten, a la brevedad posible, medidas que reduzcan los precios de los bienes y servicios, sobre todo, los de los alimentos. La mejora de la competencia y la competitividad puede ayudar a alcanzar ese objetivo, que es fundamental para el bienestar de la población. 

lunes, 12 de enero de 2026

Recomendaciones para crecer más

[Frente al Statu Quo. Publicado en Diario Libre el 12 de enero de 2026.]

En 2025, la economía dominicana creció en torno al 2.1%, un nivel inferior a la mitad del crecimiento potencial de largo plazo, que se sitúa cerca del 5%. Durante los ocho años comprendidos entre 2012 y 2019, el producto interno bruto (PIB) alcanzó una variación anual promedio de un 5.5%. En contraste, entre 2020 y 2025, el crecimiento promedio se redujo a un 3.2% anual.

De acuerdo con Robert Solow, premio Nobel de Economía en 1987, el crecimiento del PIB se compone de tres aportaciones: la mano de obra, medida por las horas trabajadas; el capital físico, tanto público como privado; y la productividad total de los factores (PTF), que cuantifica la eficiencia con la que se combinan el capital y el trabajo para producir bienes y servicios.

En la República Dominicana, diversos estudios indican que, a largo plazo, casi el 72% del crecimiento de la economía se explica por la acumulación de capital y empleo, mientras que el resto, estimado en 1.5 puntos porcentuales, responde a la variación de la productividad. Sin embargo, entre 2020 y 2025 se registró una significativa desaceleración de la producción, originada en gran parte por la caída de la PTF.  

La expansión económica es esencial para reducir la pobreza, preservar la sostenibilidad de la deuda pública y fortalecer la calificación crediticia. Si el incremento del PIB real se coloca por debajo de la tasa de interés real, la deuda pública como porcentaje del producto tiende a elevarse de manera sostenida y aumenta el riesgo de incumplimiento. Cuanto más lento sea el crecimiento económico, mayor será el saldo de las finanzas públicas necesario para garantizar la capacidad de pago de la deuda pública, lo que implica recortes de gastos públicos -corrientes y de capital- y aumentos de la presión tributaria.  

Para acelerar el ritmo de crecimiento económico, resulta indispensable adoptar políticas económicas consistentes con la acumulación de capital, la creación de puestos de trabajo y la mejora de la eficiencia productiva. 

En materia fiscal, se precisa reducir el gasto público menos prioritario, como subsidios y transferencias generalizadas. Si se pretende fortalecer el saldo de las finanzas gubernamentales y crear espacio para la inversión pública, con miras a alcanzar el promedio anual de un 4.7% del PIB registrado entre 1966 y 2020, urge reducir la evasión tributaria, recortar el déficit del sector eléctrico -cercano al 1.4% del PIB- y racionalizar las exenciones impositivas, mediante un análisis costo-beneficio riguroso.

Un gasto de capital equivalente al 2.4% del PIB, como el ejecutado entre 2020 y 2025, no es suficiente ni siquiera para poner en marcha un programa adecuado de mantenimiento de infraestructuras. Cabe recordar que una inversión bien diseñada y ejecutada con eficiencia, arroja un multiplicador de 1.6 (cociente entre la variación del PIB y el cambio del gasto), lo que incrementa la tasa de retorno del capital, eleva la productividad y expande la actividad económica. 

Asimismo, las autoridades deben adoptar medidas que estimulen la inversión privada, tanto nacional como extranjera. La eliminación del gravamen del 10% sobre los ingresos por intereses y la entrada libre de impuestos de capitales depositados en el exterior incentivaría la disponibilidad de fondos prestables. A esto se debe añadir una regulación bancaria que facilite la transformación del ahorro en préstamos a los sectores productivos, incluidas las mipymes.

En el ámbito monetario, conviene retomar el esquema de metas de inflación basado en reglas claras y transparentes, cuyos instrumentos monetarios se utilicen de manera consistente con la formación de capital físico, el crecimiento económico y el anclaje de las expectativas de inflación. En un entorno internacional incierto, se hace necesario aplicar una política caracterizada por medidas monetarias convencionales, no zigzagueantes y óptimas, capaces de minimizar las fuentes de volatilidad interna. Ese enfoque reduciría la incertidumbre que ha estado distorsionando la asignación de los recursos productivos, al generar oportunidades de arbitraje e incentivos que retrasan decisiones de inversión o consumo en espera de nuevos desembolsos de liquidez a tasas de interés subsidiadas. 

En cuanto a la política cambiaria, el Fondo Monetario Internacional interpreta la alta volatilidad del tipo de cambio registrada desde marzo de 2020 como un estado de "mayor flexibilidad cambiaria en línea con los fundamentos económicos." La realidad, no obstante, es que un aumento de la volatilidad más de cuatro veces superior a la que existía entre 2012 y 2019 va más allá del concepto de flexibilidad de la tasa de cambio. Por ese motivo, es recomendable revisar la normativa y la política monetaria, de modo que los movimientos cambiarios se produzcan en un marco de mayor previsibilidad. 

La aplicación de una reforma laboral resulta clave para estimular la creación de empleo formal y productivo. Un mercado laboral flexible, que permita la movilidad de un trabajo a otro con el menor costo posible, optimizaría la asignación de los recursos humanos y aumentaría el desempeño laboral. A su vez, la reducción del costo de la formalidad estimularía la creación de empleos mejor remunerados, tanto para los trabajadores cualificados como para aquellos con menor nivel educativo, lo que se traduciría en un incremento del PIB sostenido e inclusivo.  

El aumento de la población instruida impulsaría el progreso tecnológico. Una educación de calidad, junto con la formación técnica y universitaria vinculada a los sectores productivos (a través de programas de entrenamiento dentro y fuera de las empresas) y el fortalecimiento de los servicios de salud preventiva orientados a reducir el ausentismo laboral, incrementarían el aporte de la mano de obra a la expansión económica. 

Finalmente, para potenciar la productividad total de los factores hay que adoptar medidas microeconómicas, respaldadas por un sistema judicial accesible y eficaz que proteja la propiedad privada. La PTF sube cuando se reducen los costos de hacer negocios, con regulaciones simples y favorables al crecimiento e infraestructura complementaria de la inversión privada. Los gastos de obtener los permisos para proyectos de construcción e inversión deben reducirse al mínimo. Además, un mayor grado de competencia, en un entorno de estabilidad macroeconómica, promovería la asignación eficiente de los recursos productivos y, en consecuencia, elevaría el bienestar de la población.

jueves, 8 de enero de 2026

Cuba en caída libre

[Escrito el 9 de enero de 2026]

Desde enero de 1959, Cuba ha funcionado como una economía subsidiada por países aliados. A cambio de apoyo político, militar o médico, el gobierno cubano ha recibido de la Unión Soviética, de Venezuela y, más recientemente, de China, recursos económicos de todo tipo: transferencias monetarias, petróleo, créditos blandos y suministros estratégicos. Sin embargo, pese a los miles de millones de dólares recibidos durante más de seis décadas, el pueblo cubano es hoy mucho más pobre que antes de la revolución encabezada por Fidel Castro.

La disolución de la Unión Soviética en 1991 desencadenó una de las peores crisis económicas de la historia cubana. La isla dependía de los subsidios soviéticos, de los precios preferenciales del azúcar y de créditos con tasas de interés muy por debajo del nivel de mercado. Cuando ese andamiaje desapareció, el petróleo subsidiado dejó de llegar y Cuba comenzó a sufrir apagones de hasta 18 horas diarias. La falta de fertilizantes, combustibles y maquinaria soviética agravó el desabastecimiento y provocó un racionamiento severo de alimentos.

El llamado Período Especial —cuya fase más dura se vivió entre 1991 y 1995— marcó un deterioro profundo de las condiciones de vida. Para obtener divisas, el país se volcó al turismo y a la inversión extranjera, hasta que la llegada de Hugo Chávez al poder en Venezuela abrió una nueva etapa de alivio económico. Durante años, Cuba recibió decenas de miles de barriles diarios de crudo a precios preferenciales, a cambio de servicios profesionales suministrados por médicos, maestros y técnicos cubanos.

La reciente caída de Nicolás Maduro y el control estadounidense sobre el petróleo venezolano agravarán la crisis económica en Cuba. Los apagones de 18 horas, los cortes de agua y la escasez de alimentos, medicamentos y gas para cocinar ya forman parte de la vida cotidiana de millones de cubanos. El propio presidente Miguel Díaz‑Canel ha reconocido el deterioro acelerado de la situación económica, que, lamentablemente, apunta a agravarse en los próximos meses.

Requisitos para invertir en Venezuela

[Escrito el 8 de enero de 2026] 

Las principales petroleras estadounidenses han planteado condiciones para evaluar nuevas inversiones destinadas a incrementar la capacidad de producción de crudo en Venezuela. Las compañías recuerdan que las expropiaciones ejecutadas durante el gobierno de Hugo Chávez les ocasionaron pérdidas por miles de millones de dólares, un antecedente que hoy pesa en cualquier decisión de retorno a ese país latinoamericano. Frente a esa experiencia, exigen garantías firmes de que situaciones similares no volverán a repetirse.

En este contexto, las empresas estadounidenses buscan seguridades legales y financieras antes de comprometer capital en infraestructura petrolera venezolana. Según fuentes oficiales, la Casa Blanca ha asegurado que Washington mantendrá control sobre el petróleo venezolano de manera indefinida. Se espera que, en los próximos días, el presidente Trump presente a ExxonMobil, Chevron y ConocoPhillips un conjunto de mecanismos destinados a proteger sus inversiones y el flujo de caja generado por sus operaciones en territorio venezolano.

Expertos consultados señalan que, para atraer nuevamente a esas grandes corporaciones, será indispensable que Estados Unidos ofrezca garantías económicas, jurídicas y políticas sólidas. A ello se suma la necesidad de definir con claridad quién será la contraparte venezolana que firmará los nuevos contratos y compromisos: si el gobierno encabezado por Delcy Rodríguez, herencia del chavismo, o una eventual administración democrática surgida de un nuevo proceso electoral.

En cualquier caso, la recuperación de la capacidad productiva del sector petrolero venezolano tomará varios años, posiblemente más allá del actual mandato presidencial del presidente Trump. Esa realidad puede hacer que quienes entren primero a Venezuela sean los inversionistas más arriesgados, quienes estarán dispuestos a transitar por ese campo minado a cambio de elevadas tasas de retorno. 

martes, 6 de enero de 2026

Cambio de política económica en Venezuela

[Escrito el 7 de enero de 2026]

Venezuela necesita un cambio radical del régimen de política fiscal y monetaria. La sostenibilidad de las finanzas públicas, la renegociación de su deuda y la eliminación del financiamiento monetario del déficit público son elementos indispensables para el anclaje de las expectativas de inflación y la estabilidad macroeconómica. 

La mejora de la posición fiscal permitirá el control de la liquidez, cuya tasa de crecimiento debe ser compatible con una meta de inflación baja y estable. El aumento de las exportaciones de petróleo incrementará los ingresos gubernamentales y mejorará el saldo de las finanzas públicas. 

El financiamiento doméstico ha de ser dirigido al sector privado para que aumente la inversión y capacidad de creación de empleo. De esa manera, se logrará elevar el nivel de ingresos y, en consecuencia, mejorar la calidad de vida, metas irrenunciables de todo gobierno democrático. 

Hay que reconocer que Venezuela tardará mucho en alcanzar dichos objetivos debido al grado de deterioro económico y social provocado por un régimen dictatorial en el más puro estado de putrefacción. Estados Unidos es clave para lograr esa recuperación económica en el más breve plazo posible y en un marco democrático. 

Reestructuración económica de Venezuela

[Escrito el 6 de enero de 2026] 

La recuperación de la democracia y la estabilidad política marcará el punto final de la tragedia venezolana y el inicio de un nuevo camino hacia un mayor nivel de bienestar. 

Para acelerar el crecimiento económico, hay que adoptar políticas públicas que restablezcan las libertades y fortalezcan el régimen de propiedad que fue destruido durante la dictadura. Es imprescindible promover la libertad de mercado, reducir la regulación excesiva, elevar la eficiencia del gasto público, mejorar la oferta de servicios públicos de educación y salud, y sacar el Estado de las actividades en que el sector privado tiene ventajas comparativas. 

En ese contexto, conviene estimular la entrada masiva de capital privado en las actividades productivas y en proyectos de ampliación y modernización de la infraestructura pública. 

La industria petrolera de Venezuela, que posee la mayor reserva de crudo del mundo, debe ser renovada con inversión extranjera para llevar la producción de los poco más de 0.5 millones de barriles por día que se suplen actualmente a los más de 3.3 millones de barriles que se producían diariamente en 1998. Las empresas petroleras estadounidenses ya han anunciado su interés en realizar las inversiones requeridas para que Venezuela sea nuevamente la potencia que era en la producción de crudo y refinado.

Además, se ha de fomentar el comercio exterior y promover la diversificación de la economía con el fin de expandir la agricultura, la manufactura, el turismo, entre otras actividades. La repatriación del capital humano que emigró por la crisis económica puede aportar significativamente a la recuperación del aparato productivo nacional y modernización de la sociedad.

La caída de Maduro

[Escrito el 5 de enero de 2026] 

A mediados de agosto de 2024, comenté que la política económica venezolana bajo el régimen chavista, continuado por Nicolás Maduro, había sido tan desastrosa que en una década provocó una terrible hiperinflación y el desplome del producto interno bruto a un 25% del nivel observado en 2012. El resultado de ese comportamiento de la actividad económica, condicionado por ocho años de recesión, ha sido un vertiginoso aumento de la pobreza. 

El domingo 28 de julio de 2024 el pueblo venezolano llenó las urnas para expresar su rotunda oposición a una dictadura de 25 años: no más distorsiones económicas, no más injusticias, no más corrupción ni más privilegios para la clase gobernante. Venezuela quiere libertad y un cambio de gobierno. Por ese motivo Edmundo González, la cara de la oposición que dirige María Corina Machado, obtuvo casi el 70% de los votos. 

Nicolás Maduro se declaró ganador de las elecciones y, mediante la represión que le brindan las armas, se logró mantener en el poder. Una gran parte de la comunidad internacional, incluyendo países de América Latina como la República Dominicana, defendió la voluntad popular y la legitimidad democrática en Venezuela. Pero esos reclamos fueron insuficientes, Maduro retuvo el poder hasta la semana pasada. 

Cansado de realizar advertencias, el presidente Donald Trump autorizó el 3 de enero derrocar a Maduro. En una operación relámpago, un equipo militar élite, apoyado por un bombardeo de precisión, penetró en territorio venezolano y capturó a Maduro, quien enfrentará esta semana cargos de narcotráfico ante un tribunal federal de Nueva York. 

Ahora comienza lo difícil en Venezuela, lograr una transición del régimen chavista, encabezado por Delcy Rodríguez, hacia una democracia plena.