martes, 26 de agosto de 2014

El costo de la incoherencia económica

El presidente de Francia François Hollande está pagando el costo de la incoherencia de su política económica.

Cuando Hollande llegó al poder en 2012 estableció altos impuestos a los ricos y elevó el gasto público con el objetivo de promover el crecimiento. Esa política fracasó, pues sin inversión empresarial no hay actividad productiva ni empleo.

En enero pasado cambió el rumbo a su política. Anunció medidas de reducción de impuestos y de austeridad en el gasto público, y prometió que apoyaría a los empresarios para que estos elevaran su productividad y crearan nuevos puestos de trabajo.

Para alcanzar esa meta seleccionó el 1 de abril como primer ministro a Manuel Valls, quien es un abanderado de medidas que permitan la expansión de la economía privada.

Lamentablemente, el ministro de Economía Arnaud Montebourg es un defensor de las medidas anti-austeridad.

Esas dos visiones para enfrentar la crisis colisionaron cuando el ministro de Economía ofreció declaraciones recogidas en Le Monde, criticando la política y reformas económicas de Valls.
Ante esa confrontación y la manifiesta incoherencia del equipo económico, el gobierno en pleno renunció, por lo que Valls tendrá la oportunidad de seleccionar a nuevos ministros.


Por el bien de Francia, se espera que el nuevo ministro de Economía sea más racional y esté dispuesto a trabajar junto a su jefe por la recuperación económica, y en especial por la disminución del 10% de desempleo que castiga a los franceses. 

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