[Escrito el 21 de abril de 2026]
La decisión de la Comisión Europea de flexibilizar sus reglas de control de fusiones marca un cambio profundo en la política de competencia del bloque y reabre una discusión que, en República Dominicana, tuvo un punto álgido durante la redacción de la Ley 42‑08. Según reveló el Financial Times, Bruselas incorporará criterios como innovación, inversión, escala y resiliencia en la evaluación de operaciones corporativas, reconociendo que la creación de empresas con mayor tamaño puede fortalecer la competitividad frente a gigantes estadounidenses y chinos.
El viraje europeo contrasta con la ortodoxia que dominó desde los años 2000, cuando el análisis se centraba casi exclusivamente en los efectos sobre precios y consumidores. Hoy, la Comisión admite que la economía se ha desplazado hacia sectores intensivos en innovación, donde la escala es condición para competir globalmente. Ese reconocimiento llega tras episodios como la crisis energética derivada de la invasión rusa a Ucrania, que expusieron vulnerabilidades estructurales del continente.
En la República Dominicana, el debate no es nuevo. Durante un seminario organizado por la FINJUS en 1999, argumenté que el control previo de fusiones podía generar más costos que beneficios, al frenar procesos de eficiencia, limitar la capacidad de las empresas para aprovechar las economías de escala y, por último, afectar negativamente el bienestar. Esa posición se mantuvo durante la discusión legislativa y el mecanismo de control de fusiones quedó fuera de la Ley de Competencia No. 42‑08.
El giro europeo valida la posición dominicana, que establece que un control excesivo de las fusiones puede debilitar la competitividad y frenar la capacidad de expansión económica sostenida.
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