lunes, 8 de junio de 2026

La tentación de mirar solo lo que conviene

[Escrito el 3 de junio de 2026]

La llegada de Kevin Warsh a la presidencia de la Reserva Federal (Fed) ha reabierto un viejo debate: ¿qué inflación debe mirar un banco central para definir la estabilidad de precios? El nuevo presidente ha sugerido que la Fed debe prestar más atención a indicadores alternativos, como la media recortada (“trimmed mean”), que excluye los movimientos de precios más extremos. 

En ese contexto, cabe destacar que, mientras el índice de Precios del Gasto en Consumo Personal subyacente (PCE, por sus siglas en inglés) interanual en abril se colocó en un 3.3%, la media recortada, que elimina los movimientos de precios extremos, muestra apenas un 2.3%; un nivel mucho más cerca de la meta del 2%. 

Warsh se inclina por la media recortada, ya que permitiría —por ahora— mantener la tasa de interés en un menor nivel. Según Warsh: “Lo que más me interesa es la inflación subyacente, no los cambios de precios por un evento puntual.” No obstante, la pregunta clave es si esos “eventos puntuales” —aranceles, inversiones en IA, disrupciones geopolíticas y mayores precios de los combustibles— son impactos transitorios o si reconfiguran la estructura de costos y precios de la economía.

En 2021, la media recortada ofreció una lectura tranquilizadora mientras la inflación real se aceleraba. El diseño del índice terminó subestimando la presión inflacionaria. Hoy podría suceder lo mismo.

El riesgo es claro. Si la Fed adopta un indicador que de manera sistemática minimiza la inflación, corre el peligro de repetir el error de quedarse atrás de la curva. Y en un entorno donde la credibilidad ya está bajo presión política, un banco central que “mira a través” de los datos incómodos puede aplicar una política inconsistente con la estabilidad de precios.

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