lunes, 31 de agosto de 2026

Cómo hacerse millonario

[Frente al Statu Quo. Publicado en Diario Libre el 31 de agosto de 2026.]

Existe una lógica —no una garantía— que explica por qué algunas personas consiguen acumular patrimonio de forma sostenida a lo largo de su vida y otras, con un punto de partida similar, no lo logran. El proceso tiene su fundamento en la programación dinámica, una herramienta matemática utilizada para encontrar la trayectoria óptima en problemas intertemporales.

El primer principio es la toma de decisiones de forma prospectiva (forward looking), mediante la vinculación del presente con el futuro. La programación dinámica enseña a visualizar el estado futuro deseado y, a partir de esa meta, retroceder para identificar y seleccionar las acciones disponibles en cada período con el fin de pasar de un estado a otro hasta alcanzar el objetivo. 

Richard Bellman, el matemático que formalizó dicho método en los años cincuenta, llamó "principio de optimalidad" a la idea de que una trayectoria óptima, observada desde cualquier punto intermedio, debe seguir siendo óptima hacia adelante. Traducido a la vida de una persona, significa que cada decisión —estudio, trabajo, gasto, ahorro— se evalúa por su contribución al estado deseado y no solo por su satisfacción inmediata.

El segundo principio constituye la acumulación de capital humano. Gary Becker demostró que la educación y el entrenamiento en el trabajo representan una inversión, con su costo y su retorno, como cualquier otro activo. Ese esfuerzo exige perseverancia. No basta con obtener un título: es imprescindible estudiar toda la vida y actualizarse cuando la tecnología, como la inteligencia artificial (IA), modifica las reglas del juego. Al mismo tiempo, se necesita cuidar la salud del activo para reducir su tasa de depreciación. Hacer ejercicio, dormir y alimentarse con moderación conforman el mantenimiento preventivo del único capital que no se puede heredar ni tomar prestado.

El tercer principio radica en el trabajo perseverante. En una economía de mercado, la remuneración o el ingreso se vincula a la productividad de cada persona. Quien busca atajos —una posición lograda por amiguismo y no por mérito— puede prosperar transitoriamente, pero, tarde o temprano, termina siendo desplazado por quien posee mayor conocimiento y disciplina laboral.

El cuarto principio promueve el ahorro. La teoría del consumo intertemporal —de Irving Fisher a Franco Modigliani— demuestra que la tasa de interés es el precio que relaciona el consumo presente con el consumo futuro; es decir, representa el premio que se recibe por posponer el gasto. La persona que solo vive para el presente no acumula patrimonio. 

El quinto principio enseña a comprar barato y vender caro. Es imprescindible entender que el valor de los activos está asociado a su capacidad de generar flujo de efectivo de forma sostenida y que, muchas veces, el precio se desvía del valor. Cuando el precio se encuentra por debajo del valor, es tiempo de comprar; cuando está por encima, conviene vender. Según esa regla, se ha de evitar la tentación de seguir el comportamiento de manada, manifestado en exuberancia irracional y en burbujas financieras, que son anomalías transitorias del mercado. 

El sexto principio es saber identificar y ponderar los riesgos. Toda decisión financiera implica, en el fondo, una apuesta ante escenarios futuros inciertos. La diferencia entre un inversionista prudente y otro temerario no es la aversión al riesgo, sino la capacidad de medirlo y gestionarlo para minimizar su impacto. Harry Markowitz, quien formalizó la teoría moderna de portafolios financieros, demostró que el riesgo puede reducirse mediante la diversificación de activos cuyos rendimientos no estén perfectamente correlacionados. No importa lo modesto que sea el patrimonio, todo ahorrante debe exigir que cada unidad adicional de incertidumbre asumida venga acompañada de una compensación esperada proporcional. Esa distinción, sutil pero decisiva, es la que separa la prudencia de la temeridad y la prudencia de la parálisis.

El séptimo principio implica que las inversiones deben tener un valor presente neto positivo. El ahorro transformado en buenas inversiones, que aprovechen las bondades del interés compuesto, es lo que asegura un flujo de ingresos estable después de que la persona salga de su etapa laboral activa. Es la cultura financiera, no la suerte, lo que distingue a quien sufre la disminución de su ahorro de quien lo ve multiplicarse.

El octavo principio consiste en adquirir el servicio que se necesita, no la cosa en sí misma. Un ejemplo sería preguntarse para qué se quiere comprar un vehículo. Si la respuesta es lujo o estatus, se trata casi siempre de una mala inversión, porque el activo se deprecia con rapidez y el costo de oportunidad del capital inmovilizado es alto. Si, en cambio, lo que se precisa es el servicio de transporte, entonces conviene evaluar todas las alternativas disponibles según su relación costo-beneficio.

El noveno principio atañe a la pareja y la familia. Desde una perspectiva estrictamente económica, el matrimonio estable y la familia constituyen mecanismos eficientes para compartir riesgos y gastos, y generar economías de escala en la producción de los servicios del hogar. Además, resultan un incentivo poderoso para posponer el consumo presente de los padres en favor de la inversión en la educación y el bienestar de los hijos. 

El décimo principio justifica la construcción de redes de contacto. El capital social, como lo llamó James Coleman, es tan importante como el capital financiero. Reduce los costos de transacción, transmite información y abre puertas que ningún currículum, por sí solo, puede abrir.

El undécimo principio fomenta la colaboración con los demás.  La suma que se destina a ayudar a los demás, en especial a los jóvenes —con recursos, tiempo, conocimiento—, suele retornar, con creces, en forma de reputación, relaciones y satisfacciones que no se adquieren en el mercado. La vida funciona mejor cuando no se concibe como un juego de suma cero. 

El duodécimo principio trasciende los anteriores. Consiste en ofrecer a Dios todo lo que se hace: estudio, trabajo y ocio. La riqueza material no es un fin, sino la consecuencia natural de haber administrado con diligencia, honestidad y gratitud los talentos recibidos.

En síntesis, hacerse millonario —no solo de patrimonio financiero, sino de una vida plena, con salud, familia, comunidad y objetivos— es el resultado de una sucesión larga de decisiones correctas que siempre miran hacia el futuro. Manos a la obra.  

El reto comunicacional de Warsh

[Escrito el 26 de agosto de 2026]

Los datos que rodean la próxima comparecencia de Kevin Warsh en Jackson Hole, Kansas City, dibujan un entorno preocupante. Una deuda pública estadounidense que acaba de tocar los 40 billones de dólares, rendimientos de los bonos de largo plazo en máximos desde 2007 y una inflación que lleva más de cinco años sobre la meta del 2% no son el telón de fondo ideal para que un banco central reduzca la información que ofrece a los mercados.

La encuesta de la Universidad de Chicago preparada para el Financial Times expone la contradicción central de la estrategia de Warsh. Casi el 60% de los economistas consultados cree que la Fed tardará más en alcanzar su objetivo de inflación que cuando él asumió el cargo, y más del 60% atribuye a la falta de claridad de Warsh y del secretario del Tesoro, Scott Bessent, parte del alza en los rendimientos de largo plazo. Dicho de otro modo, la opacidad, lejos de calmar a los inversionistas, eleva la prima de riesgo que se buscaba reducir.

El argumento de Warsh —que un banco central menos locuaz obliga a los mercados a mirar los datos y no las palabras de los funcionarios— tiene algunos defensores sólidos, como Deborah Lucas, profesora de finanzas del MIT. Ella ve la postura de Warsh como una corrección necesaria tras años de excesiva injerencia de la Fed en el mercado de capitales. 

Es preciso destacar que el presidente de la Fed anotó un tanto a su favor, pues casi nadie lo acusa de ceder a las presiones de Trump para bajar la tasa de interés. Warsh aseguró su independencia, pero ahora debe comunicar con hechos que está comprometido a reducir la inflación. 

La economía consolida su crecimiento

[Comentario Noti 25 de agosto de 2026] 

La economía dominicana registró en julio de 2026 un crecimiento interanual de un 4.6%, según el Indicador Mensual de Actividad Económica (IMAE) estimado por el Banco Central de la República Dominicana. Con ese resultado, la expansión promedio acumulada durante los primeros siete meses del año se ubicó en un 4.5%.

El resultado económico estuvo liderado por la actividad de construcción, que se expandió un 8.1% gracias a la ejecución de proyectos de inversión privada, un mayor dinamismo de la inversión pública y mejoras institucionales en los procesos de aprobación de los permisos para la puesta en marcha de edificaciones privadas. 

Las zonas francas también aportaron al crecimiento, con un avance de un 5.5% impulsado por las exportaciones de calzado, productos eléctricos y tabaco. Se prevé que el arancel del 12.5% recién colocado por Estados Unidos a la República Dominicana tenga un impacto negativo sobre las exportaciones de zonas francas. 

El turismo también se incrementó por encima del ritmo potencial, al registrar un 5.6%. En lo que va de año, el país ha recibido casi 5.9 millones de turistas, una variación de un 9.4 %.

Por otra parte, la manufactura local creció un 3.7%, sostenida por la producción de artículos metálicos y minerales no metálicos. En contraste, la minería cayó un 15.9 % debido a una menor extracción de oro y plata.

Hay que destacar que el entorno internacional en 2026 ha sido desfavorable. El aumento de los precios del petróleo y derivados, así como el alza de las tasas de interés internacionales, empujarán hacia abajo la actividad económica en los próximos meses. El reto de las autoridades es sortear de manera adecuada esas perturbaciones externas, manteniendo la estabilidad macroeconómica sin perder competitividad. 

El claro mensaje de Canadá

[Comentario Noti 24 de agosto de 2026]

Los canadienses enviaron un claro mensaje a Trump. Es mejor un no acuerdo, que un mal acuerdo. El primer ministro de Canadá, Mark Carney, abandonó la noche del viernes las conversaciones comerciales con Estados Unidos, lo que provocará la entrada en vigor de aranceles del 50% sobre 20 mil millones de dólares de exportaciones canadienses. "No podemos aceptar lo que ofrecieron y no daremos lo que pidieron", declaró Carney, quien describió la relación bilateral como un estado de "guerra.” 

Washington introdujo en el último momento exigencias inaceptables. Entre ellas se encuentra el pedido de "acceso exclusivo" a los minerales críticos de Canadá. Estados Unidos también planteó restricciones a la capacidad de Canadá de firmar acuerdos comerciales con otras naciones, además de nuevas condiciones para la industria automotriz que, según los canadienses, "harían la producción más antieconómica con el tiempo" y carecían de "justificación." 

La oferta estadounidense contemplaba bajar los aranceles al acero y al aluminio del 50% al 25%, y los del sector automotriz del 25% al 15%, a cambio de que Ottawa retirara aranceles de represalia y presionara a las provincias para levantar las prohibiciones sobre el alcohol estadounidense. Empresarios y líderes provinciales advirtieron que ese acuerdo habría fijado tasas todavía demasiado altas para la competitividad a largo plazo del país.

Carney anunció represalias "dólar por dólar," que entrarán en vigor desde el 8 de septiembre. Aunque más del 75% de los canadienses apoyó su decisión, casi el 90% teme el impacto económico. Esto es fácilmente comprensible, dado que se trata de un conflicto económico con su principal socio comercial, lo que provocará la caída de exportaciones y un aumento de precios en ambos países.  

lunes, 24 de agosto de 2026

Una lección a Bessent

 [Frente al Statu Quo. Publicado en Diario Libre el 24 de agosto de 2026]

El mercado de bonos del Tesoro de Estados Unidos —el más grande e influyente del mundo, valorado en unos 31.5 billones de dólares— registró una semana atípica. El rendimiento del bono a 30 años alcanzó el lunes 17 de agosto su nivel más alto desde 2007, por encima de un 5.3%, mientras que el de 10 años, referencia del costo de las hipotecas y de buena parte del crédito corporativo y soberano internacional, cerró la semana en un 4.74%. 

Ante esa presión alcista, el secretario del Tesoro, Scott Bessent, sorprendió a los inversionistas el 19 de agosto al anunciar que el gobierno aumentaría sus recompras de bonos de largo plazo, de dos mil a un mínimo de cuatro mil millones de dólares por operación. El mercado reaccionó de inmediato y provocó el descenso de 10 puntos básicos del rendimiento a 30 años. No obstante, el alivio fue transitorio, ya que los dos días siguientes los rendimientos recuperaron buena parte de lo perdido.

No existe consenso sobre la causa del alza de las tasas de los títulos a 10 y 30 años, pero los analistas coinciden en que va más allá de la inflación futura, cuya expectativa de largo plazo sigue cerca de la meta del 2% de la Reserva Federal (Fed). 

El principal factor se relaciona con el aumento estructural de la necesidad de capital. Por un lado, el déficit fiscal de Estados Unidos, que se sitúa en torno al 6% del producto interno bruto (PIB), eleva la oferta de deuda del Tesoro. Por otro, el auge de la inteligencia artificial (IA) ha provocado que negocios que antes eran de bajo consumo de liquidez, como Amazon y Alphabet, se hayan convertido en emisores de deuda corporativa a un ritmo que desplaza los bonos del Tesoro. El rendimiento del bono de Alphabet con vencimiento en 2075 saltó del 6% a comienzos de julio al 6.78% a mediados de agosto, un ajuste muy atractivo para los inversionistas.

Otro factor es geopolítico. Japón, principal tenedor de bonos del Tesoro de Estados Unidos, atraviesa una coyuntura que le ha obligado a vender dólares para apoyar el yen. A su vez, la guerra comercial entre Estados Unidos y China frena el interés de Pekín de adquirir la deuda emitida por Washington. Además, la guerra en Medio Oriente, con el cierre del estrecho de Ormuz, limita la capacidad de los países afectados de generar el flujo de efectivo necesario para adquirir en la misma magnitud que antes deuda pública estadounidense. 

La recompra de títulos no es una herramienta nueva. A diferencia de la Fed, el Tesoro no puede crear dinero para comprar deuda, por lo que cada dólar de recompra se financia mediante la emisión de letras del Tesoro de corto plazo. La estrategia consiste en vender títulos de menos de 2 años y adquirir bonos de largo plazo con el fin de aplanar la curva de rendimiento. Varios operadores del mercado consideraron insuficiente la medida, dado que no modifica la trayectoria de una deuda que asciende a 40 billones de dólares y sigue subiendo como porcentaje del PIB.

El efecto colateral más visible fue la caída del dólar en un 1% el 20 de agosto. Los agentes del mercado percibieron la compra de bonos como una señal de que Washington prioriza abaratar la deuda, incluso a costa del valor de su moneda. Por ello, adoptaron la llamada “apuesta de devaluación” (trade debasement): compra de activos que se benefician de un dólar más débil, como el oro, que subió a 4,612 dólares la onza, y el bitcoin, cuyo precio varió un 23% y superó los 77,400 dólares. 

Paul Krugman (CUNY), premio Nobel de Economía, sostuvo que "es muy difícil construir un escenario de crisis de deuda al estilo griego para una nación que se endeuda en su propia moneda." Atribuyó el alza de la tasa de rendimiento de los bonos de largo plazo a dos factores concretos — auge de emisiones de deuda corporativa de las “hyperscalers” de IA y mayor déficit público— antes que a temores de incapacidad de cumplir con el pago de las deudas. Finalmente, recomendó a los futuros responsables de la política económica—quienes sustituyan a Trump— no caer en pánico, puesto que la situación actual no constituye una crisis de deuda. 

John Cochrane (Hoover Institution) adoptó una posición más cautelosa. Identificó cinco explicaciones posibles del incremento de la tasa de interés: expectativas de inflación; posibilidad de que la Fed suba tasas; regreso a niveles "históricamente normales" de tasas de interés nominales entre un 4% y el 6% tras la anomalía de tasas reales negativas de la década de 2010; mayores oportunidades de inversión vinculadas a la IA; y presión de los "vigilantes de los bonos" ante una política fiscal insostenible. Se mostró escéptico respecto a la eficacia de las recompras de Bessent y advirtió sobre el riesgo de una futura crisis fiscal si el gobierno sigue "renovando" deuda de corto plazo, justo en un momento en que la disponibilidad de financiamiento barato podría acabarse.

Las consecuencias de tasas persistentemente altas ya se perciben en la economía real. Con el bono a 10 años como referencia, las hipotecas se acercan al 7%, lo que encarece la compra de viviendas. Las empresas enfrentan un costo de endeudamiento más alto, circunstancia que puede frenar la inversión y la creación de empleo. Para el propio gobierno, cada punto adicional de rendimiento se traduce en decenas de miles de millones de dólares extra en intereses cada año. Frente a ese escenario, el camino óptimo es una reforma fiscal que reduzca el déficit público.

En economías como la República Dominicana, el aumento de la tasa de interés en Estados Unidos tiene un efecto directo. El 79% de la deuda externa dominicana —unos 37,920 millones de un total de 47,990 millones al cierre de junio de 2026— está constituida por bonos soberanos en dólares, cuyo costo se fija como un diferencial sobre el rendimiento de los títulos del Tesoro. Si dicha tasa sube, cada nueva emisión o refinanciamiento dominicano partirá de un nivel más alto y, por consiguiente, encarecerá el servicio de la deuda pública. 

jueves, 20 de agosto de 2026

Peso fuerte, exportaciones débiles

[Comentario Noti 21 de agosto de 2026]

El peso dominicano acumula frente al dólar una apreciación nominal superior al 7% en lo que va de 2026 y una apreciación real todavía mayor al tomar en consideración el diferencial de inflación entre ambos países. La apreciación del peso es percibida por muchas personas como algo positivo, pero podría tener consecuencias muy negativas sobre las exportaciones del país. 

Un estudio publicado en agosto de este año por los profesores Paul Bergin, de la Universidad de California, y Woo Choi y Ju Pyun, ambos de la Universidad de Corea, ofrece una lectura preocupante. Específicamente, se desprende que la apreciación del peso podría provocar no solo una pérdida de competitividad transitoria, sino un daño estructural. 

La investigación analiza datos de 45 países entre 1985 y 2007 y encuentra que la subvaluación cambiaria sostenida —cuando viene acompañada de acumulación de reservas— eleva la productividad manufacturera de un país al estimular la entrada de nuevas empresas y aumentar la proporción de insumos intermedios producidos localmente.

La lógica funciona también al revés. Si el peso se aprecia de forma sostenida, se registra una pérdida de competitividad, lo que reduce las exportaciones y aumenta la dependencia de insumos importados en la manufactura.

El riesgo se agrava por el arancel adicional del 12.5% que Estados Unidos aplica a las exportaciones dominicanas desde julio de 2026, superior al 10% de Guatemala y El Salvador, y muy por encima del arancel cero que México mantiene en el 85% de sus envíos a Estados Unidos. 

La combinación de la apreciación del peso y el arancel del 12.5% puede provocar la salida de empresas de zonas francas y la caída de las exportaciones dominicanas. Un resultado que se debe evitar. 

Bessent abanica en el mercado de bonos

[Comentario 20 de agosto de 2026] 

Los bonos del Tesoro de Estados Unidos a largo plazo sufrieron una nueva ola de ventas este jueves, después de que la intervención del secretario del Tesoro, Scott Bessent, no lograra calmar a los inversionistas. 

El rendimiento del bono a 30 años subió 6 puntos básicos, hasta el 5.25%, revirtiendo buena parte de la caída registrada un día antes, cuando el Tesoro anunció que "al menos duplicaría" sus recompras de títulos con vencimientos de entre 10 y 30 años, de dos mil a "al menos" cuatro mil millones de dólares. El rendimiento del bono a 10 años también repuntó, hasta el 4.71%, tras haber tocado la semana pasada su nivel más alto desde julio de 2007.

El mercado recibió el anuncio con desconfianza. Muchos gestores de fondos lo calificaron de simple "parche" incapaz de resolver el problema de fondo. La desconfianza se produjo justo cuando la deuda pública estadounidense alcanzó un récord de 40 billones de dólares, tras crecer 3 billones en solo un año, su ritmo más veloz fuera de la pandemia. La deuda en manos del público ya supera los 32 billones, equivalente al tamaño de toda la economía de Estados Unidos, y la Oficina de Presupuesto del Congreso proyecta que llegue al 120% del PIB en 2036. 

A mi entender, para detener el alza del costo del endeudamiento público, Bessent deberá elaborar lo antes posible una reforma fiscal que recorte gastos y aumente los ingresos. Esa reforma deberá generar un saldo fiscal que brinde sostenibilidad a las finanzas públicas estadounidenses.