lunes, 18 de mayo de 2026

Ruidos monetarios

[Frente al Statu Quo. Publicado en Diario Libre el 18 de mayo de 2026.]

El Banco Central de la República Dominicana (BCRD) emitió, en poco tiempo, dos señales de política monetaria que apuntan en direcciones opuestas. A finales de abril, anunció que mantendría inalterada su tasa de interés de referencia, se declaró vigilante ante las presiones inflacionarias y dejó abierta la posibilidad de implementar una política restrictiva si las circunstancias así lo requerían. Dos semanas más tarde, aplazó hasta enero de 2027 el reintegro de unos 46 mil millones de pesos de recursos correspondientes a la Facilidad de Liquidez Rápida con vencimiento a junio de 2026, a fin de preservar condiciones de liquidez “adecuadas” en el sistema financiero y evitar presiones alcistas sobre las tasas de interés.

Esas dos decisiones, tomadas en un breve intervalo de tiempo, son incompatibles. La primera revela la disposición a endurecer la política monetaria ante una mayor inflación. La segunda opera en sentido contrario, ya que reduce la probabilidad de un aumento de las tasas de interés. El resultado es un mensaje ambiguo y errático.

Una señal monetaria es una acción o comunicación del banco central que transmite información creíble y consistente sobre su función de reacción. La conocida regla de Taylor es un ejemplo de una señal precisa y coherente, ya que establece cómo se debe ajustar el tipo de interés de política cuando la tasa de inflación se desvía de la meta o la actividad económica se aleja de su nivel potencial. El valor de la señal radica en que reduce la incertidumbre sobre las tasas de interés y favorece el anclaje de las expectativas.

Michael Woodford, profesor de la Universidad de Columbia, sostiene en su obra “Interés y Precios” que la política monetaria funciona principalmente a través de las expectativas. El concepto de orientación futura (“forward guidance”) desarrollado por Woodford describe la práctica mediante la cual las autoridades monetarias comunican de manera explícita sus intenciones sobre los instrumentos de política, en particular la trayectoria esperada de las tasas de interés. Esto implica que la efectividad de la política monetaria depende tanto de las decisiones de tasas actuales como de la capacidad del organismo emisor de comprometer de manera creíble su comportamiento futuro. Un mensaje coherente ancla las expectativas, aumenta la efectividad de la política sin mover la tasa de interés y minimiza el costo real de los ajustes desinflacionarios. Es decir, como remarca Woodford, “la clave de una buena política monetaria es la gestión de las expectativas.”

En contraste, cuando la narrativa o las decisiones del banco central cambian sin haberse producido variaciones en los fundamentos económicos, sino por pura inconsistencia, zigzagueo, ambigüedad o reversión no justificada, la señal se convierte en ruido monetario. Los agentes no pueden distinguir si el viraje en la postura monetaria responde a nueva información sobre la economía o a una preferencia de corto plazo desligada de la regla que la institución está obligada a seguir. Las consecuencias del zigzagueo son una mayor volatilidad de las variables económicas, la pérdida del anclaje de las expectativas y una prima de riesgo adicional sobre la tasa de interés a largo plazo. En una economía pequeña y abierta como la dominicana, un banco central que comunica restricción monetaria, pero actúa al mismo tiempo en sentido acomodaticio, genera dudas sobre su capacidad de sostener la estabilidad cambiaria y, por tanto, de mantener la inflación bajo control. 

El carácter errático de la comunicación del BCRD resulta preocupante. A finales de marzo, la entidad publicó su comunicado de política, donde anunció “la decisión de mantener su tasa de interés de política en 5.25% anual;” al mismo tiempo, indicó que seguirá el monitoreo de las condiciones internacionales para adoptar medidas que contribuyan al cumplimiento de la meta de inflación. Esa postura fue ratificada el 12 de abril, cuando anticipó que la inflación rebasaría el límite superior de la meta, dando a entender que, para garantizar el anclaje de las expectativas, estaría en condiciones de aumentar la tasa de interés. 

No obstante, pocos días después, el organismo emisor publicó un documento donde destacó la existencia de “condiciones de liquidez holgadas,” derivadas de la provisión de 81 mil millones de pesos dentro del marco de la Facilidad de Liquidez Rápida de junio de 2025 y del recorte de 50 puntos básicos en la tasa de referencia, medidas que presionan a la baja las tasas de interés. En síntesis, reconoció que había liquidez holgada, un aumento de precios y que tenía la disposición de subir la tasa para asegurar la estabilidad macroeconómica. 

A finales de la semana pasada, el BCRD informó al país que la inflación sobrepasó el límite superior de la meta y se colocó en un 5.11%. Ante ese resultado, la función de reacción de la autoridad monetaria apunta a la necesidad de un ajuste restrictivo, mediante el aumento de su tasa de interés y la colocación de títulos valores que extraigan liquidez del mercado. Sin embargo, el 12 de mayo las autoridades decidieron aplazar hasta enero del año 2027 el retorno de miles de millones de pesos asociados a las facilidades de liquidez cuyo vencimiento estaba previsto para junio del presente año.

La decisión resulta desacertada por varios motivos. En primer lugar, contradice todo lo que se ha indicado para preservar la estabilidad macroeconómica. En segundo término, beneficia con tasas subsidiadas a quienes recibieron los préstamos entre 2024 y 2025, algunos de los cuales pudieron haber realizado operaciones de arbitraje. Finalmente, si hubiese sido necesario un aumento de la liquidez, existen otros instrumentos convencionales más eficientes y transparentes para hacerlo, como las operaciones de repos, compra de divisas o subastas para las recompras anticipadas de títulos emitidos por el organismo emisor. 

El BCRD goza de una sólida credibilidad y constituye uno de los pilares de la estabilidad macroeconómica nacional. Por ello, resulta imprescindible proteger la institución mediante la estrategia de metas de inflación y el uso de instrumentos monetarios convencionales, como ocurrió en gran medida entre 2012 y 2019. De este modo, la narrativa y las acciones de las autoridades podrán transformar el ruido monetario actual en señales consistentes y óptimas para los agentes económicos.

Warsh atrapado entre dos fuerzas

[Escrito el 15 de mayo de 2026] 

La inflación en Estados Unidos volvió a colocarse en el centro del debate económico y político. El índice de precios al consumidor alcanzó 3.8% en abril, su nivel más alto en tres años, impulsado por el encarecimiento del petróleo tras la guerra en Irán. Los precios de la gasolina han subido más de un 50%, llegando a 4.50 dólares por galón, mientras el diésel alcanzó los 5.64 dólares y roza máximos históricos. El impacto se ha extendido a alimentos, transporte y bienes duraderos.

En ese contexto, el Senado confirmó a Kevin Warsh como nuevo presidente de la Reserva Federal con una votación de 54 a 45, el margen más estrecho desde 1977 cuando la confirmación senatorial se convirtió en un requisito. Su llegada ocurre en un momento en que la institución enfrenta divisiones internas: en la última reunión del Comité Federal de Mercado Abierto se registraron tres disensos, el mayor número desde 1992. No obstante, todos están en contra del recorte de la tasa de interés. 

Warsh asume, por tanto, un mandato condicionado por dos fuerzas contrapuestas. Por un lado, una inflación alimentada por un conflicto geopolítico que mantiene el petróleo por encima de los cien dólares por barril. Por otro lado, el presidente Trump exige reducciones de tasas y ha atacado públicamente a la Reserva Federal e investigado a Jerome Powell.

La paradoja es evidente. Trump quiere abaratar el costo del crédito en medio de una inflación que él mismo ha exacerbado con la guerra en Medio Oriente. Warsh, que prometió preservar la independencia monetaria, deberá demostrar si puede resistir esa presión. Ojalá tenga éxito, porque cuando la política invade la política monetaria, se corre el riesgo de erosionar la credibilidad institucional que sostiene al dólar. 

Los precios del petróleo podrían subir más

[Escrito el 14 de mayo de 2026]

El precio del crudo WTI subió de nuevo y se colocó hoy alrededor de los 102 dólares por barril. Lo peor es que, los expertos afirman, con datos muy preocupantes, que ese nivel se encuentra por debajo del que podría alcanzar hacia mediados de junio. 

Según The Economist, el cierre del estrecho de Ormuz ya ha retirado del mercado 2,000 millones de barriles, equivalentes al 5% del suministro anual mundial, y cada día se añade un déficit de 14 millones de barriles. El nivel de precios actual no es mayor debido a dos factores: el salto de las exportaciones netas de Estados Unidos en 9 millones de barriles diarios y la caída de las importaciones chinas en 4.5 millones de barriles diarios. 

Ambos elementos, sin embargo, son transitorios. Las reservas globales, que comenzaron la guerra en niveles cercanos a máximos de una década, podrían estar “más vacías que nunca” para junio. Los inventarios flotantes ya se agotaron y los países pobres han recurrido a racionamientos que destruyen demanda y deterioran su ritmo de actividad económica. Cuando los inventarios privados empiecen a drenarse, los precios de los combustibles —diésel, gasolina, jet fuel— serán los primeros en subir de manera acelerada. El riesgo es mayor si Washington, presionado por precios internos crecientes, decidiera limitar sus exportaciones de combustibles, una medida que elevaría aún más los precios globales.

Para la República Dominicana, ese escenario plantea un desafío macroeconómico. Un petróleo más caro presionará el gasto público vía subsidios eléctrico y de combustibles, lo que podría colocar el déficit fiscal más allá de lo sostenible. Por ese motivo, es recomendable la prudencia fiscal. 

martes, 12 de mayo de 2026

¿En qué están las reformas anunciadas en 2021?

[Escrito el 11 de mayo de 2026]

En agosto de 2021, el presidente Luis Abinader anunció el interés de ejecutar 12 reformas para modernizar la República Dominicana. Entre ellas se encuentran, la fiscal, la del sector hidrocarburos, mercado laboral, sector eléctrico, sector agua, policía nacional, calidad educativa, salud y seguridad social y la reforma del transporte. 

Una evaluación del avance de dichas reformas permite indicar que muchas se encuentran muy retrasadas y otras ni siquiera han comenzado. Frente a esa realidad, las autoridades deben mejorar su capacidad de diseño y ejecución de reformas económicas, sociales e institucionales. 

Lo primero que deben tomar en cuenta es que en la economía política de las reformas existe un debate clásico. Una corriente, asociada desde 1960 a Ronald Coase (Chicago), sostiene que las reformas que generan ganancias netas en términos de bienestar social acaban implementándose porque quienes se benefician de ellas pueden compensar a los que resultan perjudicados. 

El otro enfoque, que sintetizó en 1982 Mancur Olson (Maryland), ofrece una lectura menos optimista, pues   defiende que los grupos de intereses bloquean los cambios que perciben como perjudiciales.

A partir de esos fundamentos teóricos, le recomiendo que se lean el ensayo “¿Cómo ocurren las reformas?,” publicado en abril de 2026 por los profesores Simeon Djankov (LSE), Edward Glaeser (Harvard) y Andrei Shleifer (Harvard). 

En ese interesante estudio se desprenden dos lecciones fundamentales para facilitar la ejecución exitosa de las reformas. La primera es que el análisis de impacto de las medidas debe complementarse con la evaluación de la viabilidad institucional. La segunda enseña que fortalecer la capacidad reformadora resulta tan importante como identificar las reformas adecuadas para estimular el desarrollo económico y social de la República Dominicana.

Recomendaciones para reformar con éxito

[Frente al Statu Quo. Publicado en Diario Libre el 11 de mayo de 2026]

En la economía política de las reformas existe un debate clásico. Una corriente, asociada desde 1960 a Ronald Coase (Chicago), sostiene que las reformas que generan ganancias netas en términos de bienestar social acaban implementándose porque quienes se benefician de ellas pueden compensar a los que resultan perjudicados. Según esa posición, las economías tienden al equilibrio eficiente y los obstáculos institucionales pueden superarse mediante la negociación. El otro enfoque, que sintetizó en 1982 Mancur Olson (Maryland), ofrece una lectura menos optimista, pues   defiende que los grupos de intereses bloquean los cambios que perciben como perjudiciales.

En el ensayo “¿Cómo ocurren las reformas?,” publicado en abril de 2026, los profesores Simeon Djankov (LSE), Edward Glaeser (Harvard) y Andrei Shleifer (Harvard) utilizan una base de datos de 3,590 intentos de cambios regulatorios —exitosos y fallidos— en 189 países entre 2005 y 2022 para analizar los factores determinantes del éxito.  El estudio abarca seis dominios: apertura de empresas, regulación laboral, pago de impuestos, protección de inversionistas minoritarios, cumplimiento de contratos y resolución de insolvencias. 

El primer hallazgo de la investigación es revelador. Durante el período analizado, el mundo se volvió más amigable al mercado en tres ámbitos: el registro de una empresa se simplificó de manera sustancial; el pago de impuestos se volvió más sencillo, con reducciones significativas en las horas requeridas para cumplir las obligaciones tributarias; y la protección legal de los inversionistas minoritarios mejoró. En contraste, casi no se produjeron cambios en la resolución de insolvencias ni en el cumplimiento de contratos. Respecto a la regulación laboral, los países más ricos endurecieron sus marcos normativos.

Los autores describen que los dominios donde más se avanzó son aquellos en los que predominan las reformas tecnológicas y administrativas —como la implementación de registros electrónicos de empresas o la digitalización de declaraciones de impuestos—, mientras que las áreas estancadas dependen de reformas legales que exigen la aprobación del Congreso. Esa distinción entre lo que puede modificarse mediante decreto o innovación tecnológica y aquello que requiere pasar por el poder legislativo constituye una de las aportaciones más robustas del estudio.

Un segundo elemento destacable consiste en la constatación de que los países que comenzaron el período con regulaciones más restrictivas y deficientes —por lo general, los menos desarrollados— mostraron mayores avances. 

Para interpretar esos resultados, los autores construyen un modelo teórico en el cual el reformador —que puede ser el legislativo, el ejecutivo o el poder judicial— propone un cambio regulatorio y diseña mecanismos de compensación para los grupos perjudicados. La propuesta puede ser bloqueada si se considera que las compensaciones son insuficientes.

El modelo identifica tres parámetros fundamentales. El primero es el retorno social de la reforma antes de los ajustes compensatorios, el cual tiende a ser mayor cuando la regulación previa es más restrictiva. El segundo refleja el mecanismo de compensación: cuanto más distorsionador sea, más costoso resultará indemnizar a los perdedores y, por tanto, más baja será la probabilidad de que la reforma se apruebe. El tercer parámetro es el número de puntos de veto; es decir, las instancias institucionales del poder político y de grupos de intereses cuya aprobación es necesaria para adoptar una reforma.

Según el estudio, la tasa de éxito de las reformas alcanza el 84% en los países ricos, mientras que apenas llega al 51% en los países poco desarrollados. Al mismo tiempo, las economías avanzadas intentan más reformas y las aprueban con mayor frecuencia, pero el impacto promedio de cada una sobre los índices regulatorios es limitado. Ese patrón —más intentos, mayor éxito, menor impacto unitario— es lo que predice el modelo cuando predomina la capacidad de compensar a los perdedores y alcanzar acuerdos.

Las reformas tecnológicas —aquellas que utilizan herramientas digitales o administrativas sin requerir nuevas leyes— registran una tasa de éxito global del 87%, frente al 71% de las reformas legales y el 60% de las administrativas. En dominios como la apertura de empresas, en el que el 41% de las reformas son tecnológicas, el éxito es casi universal. En regulación laboral, donde el 99% de las reformas son de naturaleza legal, los obstáculos aumentan.

Quizá el hallazgo más provocador del estudio sea la relación entre intentos y resultados. Los países que más reforman no son los que más lo necesitan, sino los que poseen mayor capacidad institucional para hacerlo. La oferta de capacidad reformadora, y no la demanda generada por la urgencia de cambios, es lo que mejor explica el ritmo de las modificaciones regulatorias.

Las conclusiones del ensayo tienen implicaciones directas para el diseño de una estrategia óptima de ejecución de reformas en economías como la dominicana. El análisis costo-beneficio de toda reforma debe complementarse con una revisión rigurosa de su capacidad de ejecución. Esto significa que, además de priorizar las reformas por su impacto esperado en el bienestar —por ejemplo, teniendo en cuenta cuánto ganaría la economía si se flexibilizara el mercado laboral o cuál sería el beneficio de la modernización del magisterio— es preciso examinar también el marco institucional que puede condicionar su aprobación.

El estudio de Djankov, Glaeser y Shleifer demuestra que el diseño institucional de las reformas —la instancia del gobierno desde la cual se proponen, el tipo de mecanismo requerido (tecnológico, administrativo o legal), la cantidad de actores con poder de veto sobre ellas y la capacidad del sistema para compensar a los grupos afectados— determina gran parte de la posibilidad de éxito, así como la magnitud de sus beneficios potenciales. 

A la luz de esos hallazgos, puede recomendarse a los responsables de política económica que, además de identificar las reformas orientadas a elevar el nivel de bienestar presente y futuro, fortalezcan la capacidad institucional de compensar a los perdedores y reduzcan los puntos de fricción en el proceso de aprobación. 

En síntesis, del estudio se desprenden dos lecciones fundamentales para facilitar la ejecución exitosa de las reformas.  La primera es que el análisis de impacto de las medidas debe complementarse con la evaluación de la viabilidad institucional. La segunda enseña que fortalecer la capacidad reformadora resulta tan importante como identificar las reformas adecuadas para estimular el desarrollo económico y social.

El riesgo sistémico de la inteligencia artificial

[Escrito el 8 de mayo de 2026]

Los modelos avanzados de inteligencia artificial están generando un riesgo sistémico que los reguladores apenas comienzan a dimensionar. Un análisis reciente del Fondo Monetario Internacional citado por el Financial Times señala que las nuevas capacidades de herramientas como Claude Mythos elevan el riesgo cibernético hasta convertirlo en una posible amenaza macrofinanciera. El problema ya no se limita a ataques aislados, sino a la posibilidad de fallas simultáneas que afecten a bancos, sistemas de pago y proveedores esenciales de servicios.

El FMI advierte que estos modelos reducen de manera drástica el tiempo y el costo necesarios para identificar vulnerabilidades en infraestructuras ampliamente utilizadas. Anthropic, desarrolladora de Mythos, informó que el sistema detectó miles de fallas de alta severidad en los principales sistemas operativos y navegadores. El riesgo, por tanto, es creciente y desigual. Algunas instituciones estadounidenses ya reciben asistencia técnica y parches de seguridad, mientras que muchas entidades fuera de ese círculo, en especial en los países menos desarrollados, carecen de acceso a estas defensas, lo que amplía la brecha global de protección.

El organismo internacional sostiene que un ataque coordinado provocaría efectos en cadena que incluirían pérdida de confianza, interrupciones de pagos, tensiones de liquidez y ventas forzadas de activos. En un sistema financiero altamente interconectado, la simultaneidad se convierte en el punto más vulnerable.

La conclusión del FMI es clara. Las defensas serán vulneradas en algún momento. La prioridad debe ser la resiliencia, la capacidad de contener la propagación y recuperar la operatividad con rapidez. En un entorno donde la inteligencia artificial acelera tanto la innovación como el riesgo, la estabilidad financiera dependerá de instituciones preparadas para absorber el impacto.

Se subestima el riesgo

[Escrito el 7 de mayo de 2026]

Los mercados de capitales internacionales subestiman el riesgo que se desprende de la guerra en Medio Oriente y su impacto sobre el abastecimiento y los precios de los combustibles. Aun cuando no se ha alcanzado una paz definitiva que asegure el libre tránsito de crudo por el estrecho de Ormuz, los principales índices bursátiles continúan mostrando un comportamiento ascendente. 

En el caso de Estados Unidos, el Dow Jones ha subido en lo que va de año un 2.5%. El S&P 500, que abarca una mayor cantidad de sectores y empresas, ha subido casi un 7% en ese mismo período. Y el Nasdaq, que representa las empresas tecnológicas, ha registrado un extraordinario incremento de un 11.1%. 

Más aún, dichos índices bursátiles han alcanzado máximos históricos desde el 28 de febrero, fecha en que inició la guerra entre Estados Unidos, Israel e Irán. El Nasdaq registró un máximo de 26,036 puntos el 7 de mayo. En la misma fecha, el S&P alcanzó un máximo de 7,385 puntos. Mientras tanto, el Dow Jones alcanzó su récord el pasado 10 de febrero al situarse en 50,513 puntos, nivel que supera en un 1.8% el observado hoy. 

Esos datos sugieren que el mercado prevé una resolución rápida y definitiva del conflicto bélico. Además, proyecta que la inversión en inteligencia artificial mejorará la productividad de las empresas, lo que se traducirá en un mayor flujo de efectivo. Un elemento adicional a considerar es que solo cinco empresas, todas tecnológicas, explican la mitad de la subida del S&P 500 desde abril. Así las cosas, se podría inferir que el efecto de la crisis de Medio Oriente ha sido enmascarado por la euforia generada por la burbuja de la inteligencia artificial.