[Escrito el 26 de enero de 2026]
Desde hace años, Haití atraviesa una profunda crisis económica, social y política. Entre 2021 y 2024, su producto interno bruto se contrajo en promedio un 2.4%, y esa caída, combinada con una inflación cercana al 30%, ha intensificado los niveles de pobreza extrema que afectan a la población.
Las pandillas, que se estima controlan alrededor del 90% de Puerto Príncipe y otras zonas del país, no solo obstaculizan el funcionamiento de las actividades productivas, sino que han erosionado aún más la ya limitada capacidad operativa del Estado haitiano. Desde 2024, el país es administrado por el Consejo Presidencial de Transición, un órgano de carácter temporal cuyo mandato es encaminar el proceso hacia la elección de un gobierno legítimo.
En lo que va de año, la crisis política haitiana se ha profundizado debido a la confrontación entre el Consejo Presidencial de Transición y el primer ministro Alix Fils-Aimé, quien encabeza el Ejecutivo y administra el Estado. La semana pasada, la Casa Blanca advirtió al consejo que no destituyera al primer ministro antes de que sus miembros abandonen el poder, previsto para el 7 de febrero. Además, el secretario de Estado, Marco Rubio, conversó el 23 de enero con Fils-Aimé y subrayó la importancia de su permanencia en el cargo para enfrentar a las pandillas terroristas, combatir a los políticos corruptos que las respaldan y avanzar hacia la estabilización del territorio haitiano.
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