martes, 6 de enero de 2026

Cambio de política económica en Venezuela

[Escrito el 7 de enero de 2026]

Venezuela necesita un cambio radical del régimen de política fiscal y monetaria. La sostenibilidad de las finanzas públicas, la renegociación de su deuda y la eliminación del financiamiento monetario del déficit público son elementos indispensables para el anclaje de las expectativas de inflación y la estabilidad macroeconómica. 

La mejora de la posición fiscal permitirá el control de la liquidez, cuya tasa de crecimiento debe ser compatible con una meta de inflación baja y estable. El aumento de las exportaciones de petróleo incrementará los ingresos gubernamentales y mejorará el saldo de las finanzas públicas. 

El financiamiento doméstico ha de ser dirigido al sector privado para que aumente la inversión y capacidad de creación de empleo. De esa manera, se logrará elevar el nivel de ingresos y, en consecuencia, mejorar la calidad de vida, metas irrenunciables de todo gobierno democrático. 

Hay que reconocer que Venezuela tardará mucho en alcanzar dichos objetivos debido al grado de deterioro económico y social provocado por un régimen dictatorial en el más puro estado de putrefacción. Estados Unidos es clave para lograr esa recuperación económica en el más breve plazo posible y en un marco democrático. 

Reestructuración económica de Venezuela

[Escrito el 6 de enero de 2026] 

La recuperación de la democracia y la estabilidad política marcará el punto final de la tragedia venezolana y el inicio de un nuevo camino hacia un mayor nivel de bienestar. 

Para acelerar el crecimiento económico, hay que adoptar políticas públicas que restablezcan las libertades y fortalezcan el régimen de propiedad que fue destruido durante la dictadura. Es imprescindible promover la libertad de mercado, reducir la regulación excesiva, elevar la eficiencia del gasto público, mejorar la oferta de servicios públicos de educación y salud, y sacar el Estado de las actividades en que el sector privado tiene ventajas comparativas. 

En ese contexto, conviene estimular la entrada masiva de capital privado en las actividades productivas y en proyectos de ampliación y modernización de la infraestructura pública. 

La industria petrolera de Venezuela, que posee la mayor reserva de crudo del mundo, debe ser renovada con inversión extranjera para llevar la producción de los poco más de 0.5 millones de barriles por día que se suplen actualmente a los más de 3.3 millones de barriles que se producían diariamente en 1998. Las empresas petroleras estadounidenses ya han anunciado su interés en realizar las inversiones requeridas para que Venezuela sea nuevamente la potencia que era en la producción de crudo y refinado.

Además, se ha de fomentar el comercio exterior y promover la diversificación de la economía con el fin de expandir la agricultura, la manufactura, el turismo, entre otras actividades. La repatriación del capital humano que emigró por la crisis económica puede aportar significativamente a la recuperación del aparato productivo nacional y modernización de la sociedad.

La caída de Maduro

[Escrito el 5 de enero de 2026] 

A mediados de agosto de 2024, comenté que la política económica venezolana bajo el régimen chavista, continuado por Nicolás Maduro, había sido tan desastrosa que en una década provocó una terrible hiperinflación y el desplome del producto interno bruto a un 25% del nivel observado en 2012. El resultado de ese comportamiento de la actividad económica, condicionado por ocho años de recesión, ha sido un vertiginoso aumento de la pobreza. 

El domingo 28 de julio de 2024 el pueblo venezolano llenó las urnas para expresar su rotunda oposición a una dictadura de 25 años: no más distorsiones económicas, no más injusticias, no más corrupción ni más privilegios para la clase gobernante. Venezuela quiere libertad y un cambio de gobierno. Por ese motivo Edmundo González, la cara de la oposición que dirige María Corina Machado, obtuvo casi el 70% de los votos. 

Nicolás Maduro se declaró ganador de las elecciones y, mediante la represión que le brindan las armas, se logró mantener en el poder. Una gran parte de la comunidad internacional, incluyendo países de América Latina como la República Dominicana, defendió la voluntad popular y la legitimidad democrática en Venezuela. Pero esos reclamos fueron insuficientes, Maduro retuvo el poder hasta la semana pasada. 

Cansado de realizar advertencias, el presidente Donald Trump autorizó el 3 de enero derrocar a Maduro. En una operación relámpago, un equipo militar élite, apoyado por un bombardeo de precisión, penetró en territorio venezolano y capturó a Maduro, quien enfrentará esta semana cargos de narcotráfico ante un tribunal federal de Nueva York. 

Ahora comienza lo difícil en Venezuela, lograr una transición del régimen chavista, encabezado por Delcy Rodríguez, hacia una democracia plena. 

lunes, 5 de enero de 2026

El Banco Central en modo halcón

[Escrtio el 2 de enero de 2026] 

Las autoridades monetarias vigilan de manera constante la evolución de la tasa de inflación para asegurar que permanezca dentro del rango meta que va del 3% al 5% anual.

A noviembre, el ritmo de variación interanual del Índice de Precios al Consumidor (IPC) alcanzó un 4.81%, un nivel muy cercano al límite superior del objetivo. Más inquietante aún es que, al anualizar el comportamiento de los precios entre junio y noviembre del año 2025, la inflación implícita asciende a un 6.65%. 

Ante ese panorama inflacionario, el Banco Central decidió en diciembre mantener la tasa de interés de política monetaria en un 5.25%. La decisión fue acertada: un recorte de 25 puntos básicos, justificado por la reducción similar aplicada por la Reserva Federal, habría enviado al mercado una señal incompatible con el compromiso de preservar la estabilidad de precios.  

A mi entender, el Banco Central debe ejercer una vigilancia estricta sobre la trayectoria de la inflación, al igual que lo hace un halcón monetario. Por ello, aunque la tasa de crecimiento del producto interno bruto cerró el año pasado en torno al 2.2%, lo recomendable es que la institución mantenga en lo sucesivo niveles de liquidez que no generen presiones inflacionarias e incluso esté dispuesta a elevar la tasa de política monetaria si las circunstancias así lo requieren.