lunes, 9 de febrero de 2026

Díaz-Canel acorralado por su incapacidad

[Escrito el 6 de febrero de 2026] 

El 9 de enero señalé que Cuba se encontraba en caída libre. Advertí entonces que la reciente extracción de Nicolás Maduro del poder y el control de Estados Unidos sobre el petróleo venezolano profundizarían la crisis económica en la isla.

Ayer, 5 de febrero, el presidente Miguel Díaz-Canel -quien ya había reconocido el deterioro acelerado de la economía- declaró que está dispuesto a dialogar con Trump. Insistió en que cualquier negociación debe realizarse sin condiciones previas y “como iguales”, para preservar la soberanía cubana. Según afirmó: “Rendirse no es una opción.”

La realidad no permite discursos pseudo patriotas, que apelan al orgullo nacional. Sin el respaldo ruso, chino, venezolano o iraní, Cuba carece de posibilidades reales de superar la gravísima crisis que la asfixia. Su capacidad productiva está prácticamente destruida y la población enfrenta una escasez severa de bienes esenciales, desde alimentos hasta medicamentos.

Cada día la situación empeora. La ineptitud gubernamental en la administración de los muy escasos recursos no solo impide cualquier alivio, sino que acelera el colapso. El combustible y la electricidad son insuficientes incluso para garantizar un suministro mínimo. Las proyecciones apuntan a que, en cuestión de semanas, la isla podría quedarse sin combustible, paralizando por completo la economía.

Ese escenario marcaría algo más que un punto de inflexión. Podría convertirse en el inicio del derrumbe del régimen castrista, un desenlace que, para muchos, debió llegar hace ya demasiado tiempo.

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