Los datos sobre el débil desempeño del mercado laboral de
los Estados Unidos provocaron que los principales índices bursátiles de ese
país cayeran en el día de ayer. Esa evidencia implica que la recuperación
económica, medida también por las ventas y los beneficios empresariales, sigue
siendo lenta.
Eso provoca que los agentes económicos perciban que los
precios de las acciones, que dependen directamente de la capacidad de
generación de efectivo de las empresas, no van a subir mucho en el corto plazo,
llevándolos a desprenderse de esos títulos financieros.
Específicamente, el mercado esperaba que en septiembre se
crearían 178 mil puestos de trabajo, mientras que sólo se crearon 166 mil. Esto
desembocó en la caída de un 0.39% en el Dow Jones.
La incertidumbre que emana del cierre del gobierno
norteamericano también influye negativamente sobre el mercado de valores. Los
especuladores han comenzado a apostar que un acuerdo entre el Congreso y la
Casa Blanca tomará varios días en llegar y, mientras eso sucede, es más seguro
invertir en títulos de renta fija, como son los bonos.
Lo anterior confirma la U invertida en Wall Street.
Si la economía va
demasiado bien, se esperaría que la Reserva Federal desmonte el programa de
compra de bonos, lo cual reduciría el precio de las acciones.
Y si, la economía va mal, los beneficios bajarían y, en
consecuencia, también se reducirían los precios de las acciones.
La pregunta del millón es ¿cuál es la tasa de crecimiento
económico que maximiza el retorno de las acciones?
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